-Discúlpeme- dijo con el tono más educado que fue capaz de fingir- Yo soy un simple extranjero y no conozco muy bien las leyes del reino, pero una invitación personal del rey de su puño y letra con el sello real serviría?- al sacar el documento el guardia se quedó pálido- puede hacerle llamar si cree que no es suficiente, tal vez él sí sea un testigo de suficiente entidad como para certificar mi identidad.
El guardia se fue haciendo a un lado.
-No,..., no... no será necesario.
-Eso pensaba yo- dijo Dalin con una sonrisilla, y leugo en voz suficientemente alta para que todos lo escucharan se dirigió a Odhîm- ¿tú conoces el nombre de este guardia verad?-ante el asentimiento Dalin continuó- bien así podremos mencionarle directamente al rey el nombre de este amable guardia.
El enano se quedó realmente afectado mientras Dalin y Odhîm entraron triunfantes. Cuando estuvieron sólo su viejo amigo le preguntó:
-De verdad conoces tan bien a Gimli?
-Bajo ningún concepto -dijo Dalin sonriendo- nos debimos de ver un par de veces o tres. Alguna de ellas incluso nos presentaron pero no me reconocería ni loco, aunque sí reconocería mi nombre y mi título. No Odhîm tú tienes mucho más trato con el rey de Aglarond que yo, por poco que sea, pero eso el guardia no lo sabía.
-Y de donde sacaste la carta?
-Me la envió hace años, una simple cortesía. Por ser director del CEA y por pagar bien por unos trabajos a unas cuadrillas de obreros de Aglarond